¡GRACIAS EUROPA!

¡GRACIAS EUROPA!

Hace ya unas cuantas semanas que quería dedicar unas breves líneas al impacto de Europa en el sistema universitario. La excusa ha sido perfecta y no es otra que un reciente artículo de Daniel Sánchez Caballero (diario.es del 25 de diciembre de 2019). En este artículo se hace un detallado análisis del impacto de la aplicación del Plan Bolonia en los últimos veinte años, desde que el sistema universitario español se lanzó a la consecución de una cierta convergencia europea que permitiera la movilidad de estudiantes, PAS y profesorado en el espacio de la Unión Europea. En el artículo se dicen muchas de las cosas acaecidas en estos veinte años y se entrevista a algunos responsables académicos de universidades españolas sobre lo que ha sucedido. El titular es arrollador: “Una buena idea mal entendida y que llegó en el peor momento”.

Yo estuve allí, como muchas y muchos colegas que nos creímos la Declaración de Bolonia como un mecanismo de cambio radical en la docencia universitaria y en la oferta de grados, que diera lugar a un espacio europeo permeable y que promoviera los acuerdos interuniversitarios para facilitar la movilidad de la comunidad universitaria y el benchmarking que intuíamos que debía llevarnos al siglo XXI a toda velocidad.

Coincido en casi todo lo que se dice en el artículo citado, puesto que el resultado de veinte años (sí, sí… veinte años) no ha sido otro que unos planes de estudios fragmentados, sin correspondencias claras entre universidades, sin que la movilidad docente haya calado en el profesorado y el PAS. Ha calado, y mucho, en los estudiantes y gracias a ellos Europa es más Europa que nunca. Pero no nos equivoquemos, estamos lejos de haber llegado a lo previsto y a otro entorno de la docencia. Las razones son diversas, pero pasan, en general, por reconocer que hicimos la aplicación del Plan Bolonia sin recursos, sin saber exactamente de qué iba, no hemos entendido eso del crédito ECTS como carga de trabajo de los estudiantes y no hemos trasladado correctamente lo que se entiende por competencias, conocimientos y habilidades a los programas de las asignaturas. Hemos optado por la solución fácil de la evaluación continuada y así una larga lista de más detalles que no hace falta ahora revisar.

Por otra parte, los aspectos positivos de este nuevo escenario docente también existen y no son irrelevantes. Incluso afirmaría que son extraordinariamente importantes y de gran trascendencia. Nadie se imagina ahora un sistema universitario no implicado en Europa, nadie se plantea descartar la necesidad de revisar lo que ha pasado durante estos veinte años, nadie se retiraría de todas las estructuras universitarias europeas o, por poner un último ejemplo extraordinario, a nadie se le ocurre dejar de lado una segunda o tercera lengua, según el caso.

Europa está y estará. Lamentablemente el resultado está lejos de ser el satisfactorio, pero aun así el Plan Bolonia fue, y sigue siendo, una excelente iniciativa. Han pasado veinte años y todavía queda mucho por hacer. Como diría mi admirado Lluís Llach, “no era això, companys, no era això”.

 

Que el año 2020, tan emblemático en la ciencia europea, nos haga a todos y todas más europeos, en un espacio más justo y solidario. Más diverso, inclusivo y tolerante.

 

Feliç Any 2020 a tothom!

 

Joan Guàrdia i Olmos

 

Barcelona, 29 de diciembre de 2019

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